Agazapada, en un entorno hostil

Toma de La Bastida desde las Anchuras.

La Bastida está oculta a los ojos del caminante que transita por las vías de comunicación naturales. Apartada de las tierras fértiles del valle, las gentes argáricas urbanizaron 45.000 m2  de un abrupto cerro que alcanza los 450 metros sobre el nivel del mar.

A vista de pájaro se nos presenta agazapada, recluida y empequeñecida en la confluencia de las ramblas Salada y de Lébor. Como una tímida elevación protegida por un majestuoso circo montañoso: los gigantes Cabezo Gordo y la Sierra de la Tercia.

El cerro está rodeado de barrancos que caen a pico hacia la rambla de Lébor y a la rambla Salada, siendo sólo accesible con relativa facilidad a través de la falda norte. En otras palabras, un lugar casi inexpugnable al amparo de las montañas.

Vuelo por el barranco Salado y la rambla de Lébor.

Vuelo por el barranco Salado y la rambla de Lébor.

Amaneciendo, la neblina del alba se disipa lentamente en su afán de tocar el sol.

Amaneciendo, la neblina del alba se disipa lentamente en su afán de tocar el sol.

Vista de la Rambla de Lébor y La Bastida desde el sudeste.

Vista de la Rambla de Lébor y La Bastida desde el sudeste.

Panofotografía 180º tomada desde la cumbre del Cabezo Gordo con indicadores toponímicos.

Panofotografía 180º tomada desde la cumbre del Cabezo Gordo con indicadores toponímicos.

La Rambla Salada, que perfila el cabezo de La Bastida al este.

La Rambla Salada, que perfila el cabezo de La Bastida al este.

Sobrevolando La Bastida desde un ultraligero.

Sobrevolando La Bastida desde un ultraligero.

Dos jóvenes muflones del Atlas (arruís) en las laderas de La Bastida.

Dos jóvenes muflones del Atlas (arruís) en las laderas de La Bastida.

Muflón del Atlas atravesando el camino al yacimiento.

Muflón del Atlas atravesando el camino al yacimiento.

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