Agazapada, en un entorno hostil
La Bastida está oculta a los ojos del caminante que transita por las vías de comunicación naturales. Apartada de las tierras fértiles del valle, las gentes argáricas urbanizaron 45.000 m2 de un abrupto cerro que alcanza los 450 metros sobre el nivel del mar.
A vista de pájaro se nos presenta agazapada, recluida y empequeñecida en la confluencia de las ramblas Salada y de Lébor. Como una tímida elevación protegida por un majestuoso circo montañoso: los gigantes Cabezo Gordo y la Sierra de la Tercia.
El cerro está rodeado de barrancos que caen a pico hacia la rambla de Lébor y a la rambla Salada, siendo sólo accesible con relativa facilidad a través de la falda norte. En otras palabras, un lugar casi inexpugnable al amparo de las montañas.
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