19 octubre, 2021
Mina de agua de Aledo
Aledo y su fortaleza fueron fundadas por los musulmanes hacia finales del siglo IX. El antiguo casco urbano, aun hoy, se ve circundado por lo que queda de la muralla y las torres de defensa perfectamente adaptadas al corte de roca natural sobre un peñón de roca estratégicamente seleccionado. Merece la pena darse una vuelta por el municipio para, antes de ir a la mina, empaparse un poco de su fascinante historia medieval a la que, obviamente, está estrechamente vinculada. Aunque, personalmente, me gustaría que guardase algo más el aire de la etapa del medioevo, el pueblo tiene su encanto. Y, en la Torre del Homenaje, de visita ineludible, se halla, actualmente, un interesante centro de interpretación que nos ayudará en este viaje en el tiempo.
Una vez conocida su historia, y fuera propiamente del pueblo, hay que rodear el peñón y quedar bajo la Torre del homenaje, a los pies del cabezo donde se asienta la villa. Miramos a hacia arriba y veremos como llama la atención un elemento de la fortificación aislado hoy día, que queda a media altura entre nosotros y el área urbana, formando parte del flanco meridional de la fortaleza. Se trata de “la torreta”, una torre defensiva alzada en tapial que protege y oculta una escalera de caracol excavada en la roca geológica, a modo de pozo, que facilita el ingreso o un pasadizo subterráneo que aboca a la mina que filtraba el agua que abastecía al castillo y que le permitiría resistir un largo sitio. A este complejo sistema de captación de aguas defendido se le conoce popularmente como “pozo de los Moros”.
La verdad es que todo este complejo sistema defensivo y de abastecimiento de agua debería estar vigilado, adecuado y museizado, pero, al menos en las ocasiones en las que he estado, no era así. Quizás en los últimos tres años hallan adecuado el acceso y acondicionado el lugar.
AUTORÍA: Carlos Velasco









