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La Bastida no es un buen sitio para vivir. Las poblaciones humanas la evitaron durante centenares de miles de años, desde el Paleolítico más remoto hasta un buen día hace unos 4200 años. De repente, un cerro olvidado resultó tan atractivo que fue habitado durante más de seis siglos hasta que, otro buen día de hace unos 3550 años, parece que la gente recobró el buen sentido milenario y lo abandonó. Desde entonces, los humanos que han vivido más tiempo aquí hemos sido los miembros del “Proyecto Bastida”.

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Viniendo desde el valle del Guadalentín, incluso a unos 80 metros sobre el cauce de la rambla Lébor, apenas se divisa el cerro de La Bastida.

Viniendo desde el valle del Guadalentín, incluso a unos 80 metros sobre el cauce de la rambla Lébor, apenas se divisa el cerro de La Bastida.

Hacia 2200 antes de nuestra era, una comunidad ocupó por primera vez el cerro de La Bastida. Su fortificación fue el “acto fundacional” de la ciudad más antigua de Europa continental.

Hacia 2200 antes de nuestra era, una comunidad ocupó por primera vez el cerro de La Bastida. Su fortificación fue el “acto fundacional” de la ciudad más antigua de Europa continental.

En cualquier caso, llegados a los pies del asentamiento, siguiendo el hoy árido y erosionado cauce de Lébor, en plena efervescencia urbana, allá por el 1.800 ANE, La Bastida se nos hubiera tornado majestuosa, dominante. Aquella montaña, humanizada, era, por aquel entonces, una fortaleza inexpugnable, cuyo bullicio retumbaría entre las paredes de los barrancos que, de forma natural, la defendían de intrusos malintencionados.

En cualquier caso, llegados a los pies del asentamiento, siguiendo el hoy árido y erosionado cauce de Lébor, en plena efervescencia urbana, allá por el 1.800 ANE, La Bastida se nos hubiera tornado majestuosa, dominante. Aquella montaña, humanizada, era, por aquel entonces, una fortaleza inexpugnable, cuyo bullicio retumbaría entre las paredes de los barrancos que, de forma natural, la defendían de intrusos malintencionados.

Desde comienzos del II milenio antes de nuestra era, la topografía de La Bastida empezó a sufrir una transformación radical. Las empinadas pendientes fueron “domesticadas” mediante terrazas artificiales escalonadas, sobre las cuales se levantaron edificios con paredes de piedra casi siempre rectilíneas. Se inauguraba así la típica arquitectura urbana argárica.

Desde comienzos del II milenio antes de nuestra era, la topografía de La Bastida empezó a sufrir una transformación radical. Las empinadas pendientes fueron “domesticadas” mediante terrazas artificiales escalonadas, sobre las cuales se levantaron edificios con paredes de piedra casi siempre rectilíneas. Se inauguraba así la típica arquitectura urbana argárica.

Las primeras construcciones se distribuían dejando algunos espacios abiertos. Sin embargo, la trama fue haciéndose más compacta en torno a 1850/1800 antes de nuestra era y así se mantuvo hasta el final de El Argar. Durante este periodo (que conocemos como Fase III), se alcanzó la máxima densidad constructiva y también demográfica, con una población estimada cercana a 1000 habitantes. En esta época, los edificios se adosaban unos a otros, dejando en ocasiones angostos callejones y desde luego nada parecido a plazas.

Las primeras construcciones se distribuían dejando algunos espacios abiertos. Sin embargo, la trama fue haciéndose más compacta en torno a 1850/1800 antes de nuestra era y así se mantuvo hasta el final de El Argar. Durante este periodo (que conocemos como Fase III), se alcanzó la máxima densidad constructiva y también demográfica, con una población estimada cercana a 1000 habitantes. En esta época, los edificios se adosaban unos a otros, dejando en ocasiones angostos callejones y desde luego nada parecido a plazas.

En el presente La Bastida ha recuperado un 9% de su tramado urbanístico, y pide a gritos volver a emerger de las entrañas del monte para demostrar con vehemencia que fue en sus laderas uno de los lugares donde, hace milenios, empezó la política y la lucha de unos pocos por ejercer el poder sobre la mayoría.

En el presente La Bastida ha recuperado un 9% de su tramado urbanístico, y pide a gritos volver a emerger de las entrañas del monte para demostrar con vehemencia que fue en sus laderas uno de los lugares donde, hace milenios, empezó la política y la lucha de unos pocos por ejercer el poder sobre la mayoría.

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